domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Es pública la escuela pública? María José Tubella Iniesta



Para empezar, considero que un artículo que nada más comenzar, ya plantea cuestiones tan polémicas como “¿Funciona la escuela pública como un verdadero servicio público?” o “¿Prima en ella el interés público o está subordinado a otros intereses que no lo son?” puede suscitar un gran interés, sobre todo en los tiempos políticos, económicos y sociales que corren en nuestros días. Creo que todas las personas, como seres humanos que convivimos en una sociedad basada, en teoría, en derechos e igualdades, en algún momento que otro, y más los que profesamos un profundo interés por el ámbito educativo, nos hemos planteado la cuestión de si verdaderamente la escuela pública es pública como tal.

Por otra parte, a mi parecer, no es tan sencillo dar respuesta a la pregunta de si es pública la escuela pública. No me atrevería a contestar esta cuestión, a primera vista sencilla de abordar, con un sí contundente o con un no rotundo. Sin embargo, dentro de la enseñanza pública, entran en juego diversos factores que nos hacen replantearnos si de verdad estamos recibiendo una educación pública como tal. Como bien afirma el autor del artículo, en el más puro estricto sentido de financiación, la escuela sí que podría considerarse, entre comillas, “pública”, puesto que esta es financiada por fondos públicos, al igual que su correspondiente profesorado. Pero es un hecho constatado que la ley y la financiación no son suficientes para adjudicar el término pública a la escuela. Se precisan factores más necesarios y de otra índole.

 A su vez, pienso que Mariano Fernández Enguita tiene razón cuando señala que “[...] en la medida en que intereses y objetivos públicos (los del alumnado, la comunidad entorno y la sociedad global) quedan subordinados a los intereses y objetivos privados (de cada profesor) y corporativos (del conjunto del profesorado) […]”. Para mí, es un grave error que predominen los intereses y objetivos del profesorado sobre el propio alumnado, ya que entonces la escala de valores en el sector educativo podría caer en picado. Tanto en el ámbito público como en el privado, educativamente hablando, siempre debe prevalecer el alumno en cuestión junto a su entorno cultural y social.

Yo soy partidaria de que un profesor debe utilizar el libro de texto como un apoyo y no como un único referente. Es decir, los profesores no han de tomar el libro de texto como un único modelo de organización, ya que en muchas ocasiones son los propios libros los que desmotivan al alumnado. Nosotros como docentes tenemos la responsabilidad y, en cierto modo, la obligación de innovar didácticamente. El libro de texto siempre nos podrá ayudar, pero también debemos ser capaces de valernos por nosotros mismos.
Finalmente, para mí, la escuela pública, la verdadera escuela pública, conlleva ante todo un trabajo cooperativo. En otras palabras, todos los miembros que pertenecen al sector de la educación deben trabajar en conjunto y no individualmente para facilitar la labor educativa. Pienso que aquí la actitud de los docentes es clave porque si ellos trabajan unidos, podrán transmitir este método de trabajo a sus respectivos alumnos. Es mucho más productivo potenciar la colectividad que la individualidad, existen numerosos estudios que lo demuestran, ya que así estaremos preparando a jóvenes que verdaderamente sabrán lo que significa trabajar en equipo y también adquirirán valores como la unión, la coordinación o la compenetración.  

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