Para empezar, considero que un artículo que nada más
comenzar, ya plantea cuestiones tan polémicas como “¿Funciona la escuela
pública como un verdadero servicio público?” o “¿Prima en ella el interés
público o está subordinado a otros intereses que no lo son?” puede suscitar un
gran interés, sobre todo en los tiempos políticos, económicos y sociales que
corren en nuestros días. Creo que todas las personas, como seres humanos que
convivimos en una sociedad basada, en teoría, en derechos e igualdades, en
algún momento que otro, y más los que profesamos un profundo interés por el ámbito
educativo, nos hemos planteado la cuestión de si verdaderamente la escuela
pública es pública como tal.
Por otra parte, a mi parecer, no es tan sencillo dar respuesta
a la pregunta de si es pública la escuela pública. No me atrevería a contestar
esta cuestión, a primera vista sencilla de abordar, con un sí contundente o con
un no rotundo. Sin embargo, dentro de la enseñanza pública, entran en juego
diversos factores que nos hacen replantearnos si de verdad estamos recibiendo
una educación pública como tal. Como bien afirma el autor del artículo, en el
más puro estricto sentido de financiación, la escuela sí que podría
considerarse, entre comillas, “pública”, puesto que esta es financiada por
fondos públicos, al igual que su correspondiente profesorado. Pero es un hecho
constatado que la ley y la financiación no son suficientes para adjudicar el
término pública a la escuela. Se precisan
factores más necesarios y de otra índole.
Yo soy partidaria de que un profesor debe utilizar
el libro de texto como un apoyo y no como un único referente. Es decir, los
profesores no han de tomar el libro de texto como un único modelo de
organización, ya que en muchas ocasiones son los propios libros los que
desmotivan al alumnado. Nosotros como docentes tenemos la responsabilidad y, en
cierto modo, la obligación de innovar didácticamente. El libro de texto siempre
nos podrá ayudar, pero también debemos ser capaces de valernos por nosotros
mismos.
Finalmente, para mí, la escuela pública, la verdadera
escuela pública, conlleva ante todo un trabajo cooperativo. En otras palabras,
todos los miembros que pertenecen al sector de la educación deben trabajar en
conjunto y no individualmente para facilitar la labor educativa. Pienso que
aquí la actitud de los docentes es clave porque si ellos trabajan unidos, podrán
transmitir este método de trabajo a sus respectivos alumnos. Es mucho más
productivo potenciar la colectividad que la individualidad, existen numerosos
estudios que lo demuestran, ya que así estaremos preparando a jóvenes que
verdaderamente sabrán lo que significa trabajar en equipo y también adquirirán
valores como la unión, la coordinación o la compenetración.
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