viernes, 6 de noviembre de 2015

¿Es pública la escuela pública?


Ciertamente, la escuela pública debiera serlo en todos los sentidos, es decir, no solo que se financie con dinero público, sino que también cubra las necesidades de sus alumnos y ofrezca  igualdad de oportunidades para todos.
Yo he asistido siempre a una escuela pública, pero debo admitir, después de unos años de más y siendo más consciente de la situación, que, si nos referimos a escuela pública con estos términos —sin favoritismos por parte del centro hacia el alumnado—, la mía, al igual que muchas, ni lo es, ni lo era.
Por desgracia, probablemente muchos de nosotros hemos topado con docentes a los que, si algún día tuvieron vocación, esta se les acabó. En mi caso, recuerdo a una profesora en concreto que no nos enseñó absolutamente nada; eso sí, quería dejarnos bien claro sus objetivos. Todos los días repetía sus enormes ganas de jubilarse para acto seguido irse a comprar a las rebajas. Y no, aunque resulte irónico, no se trata de una broma. Pero, por fortuna, hay profesores excelentes, pese al ambiente hostil, de los cuales he conocido a muchos. Sin embargo, coincido con el artículo cuando se hace referencia a que los malos docentes intentan cohibir a estos últimos. Sin ir más lejos, uno de los mejores profesores que he tenido propuso una vez hacer una excusión al campo, con el objetivo de conocer de primera mano la naturaleza, fin más que justificado para la asignatura que impartía. Pese a las críticas de otros compañeros, llegamos a hacerla, y aprendimos a la par que nos divertimos. Mi pregunta es: ¿por qué hubo compañeros de este profesor que intentaron que no se realizara nunca?, si este profesor no implicó a ningún otro. ¿Acaso tenían miedo de que ellos tuvieran que hacer alguna salida extraescolar en un futuro?
Dejando aparte las discrepancias entre los profesores, haré mención de grandes injusticias por parte del centro escolar. Creí que, ciertamente, todos los alumnos teníamos los mismos derechos, hasta el último curso de bachillerato. En mi instituto éramos muchos alumnos, y a pesar de haber tres grupos de bachillerato razonablemente grandes, no pudieron acceder al bachillerato todos los alumnos que lo deseaban. Muchos se tuvieron que trasladar al instituto de la otra punta del pueblo o a pueblos vecinos. En su momento, comprendí que, lógicamente, si había que hacer selección, pues no podían aceptar a todos por los medios de los que disponían, resultaba lógico que lo hiciesen mediante un baremo, para entrar por nota. No obstante, al año siguiente fueron admitidas dos compañeras que no eran de la localidad, sino de otro pueblo, ni siquiera vecino. ¿La razón? Ni más ni menos, eran la hija del director y su amiga, que habían tenido dificultades con cierto profesor de su centro y decidieron que, para aprobar la asignatura del susodicho, necesitaban cambiarse de instituto. Y no me parecen mal este tipo de cambios, pero ahí ni se tuvo en cuenta un baremo ni nada por el estilo: puro favoritismo.

Como conclusión, la escuela pública no es realmente tan pública como debiera serlo. Lo indudable es que vivimos en una sociedad donde la justicia no está libre del subjetivismo, pues estamos rodeados de la cultura del beneficio propio, en otras palabras, del egocentrismo. De modo que no es de extrañar, aunque esto no es una justificación, que en los centros también se observe dicha desigualdad con respecto al trato con los alumnos. No obstante, debiéramos ser los primeros en dar ejemplo a una sociedad que obligatoriamente, antes de madurar, pasa por nuestras manos. Por lo que, si hacemos bien nuestra labor, quizá en un futuro logremos todos ser un poco más justos.

3 comentarios:

  1. Excelente publicación. Estoy de acuerdo contigo en absolumante todo.
    Me ha gustado mucho tu explicación con ejemplos personales que has vivido de primera mano. Personalmente, tambien he podido observar situaciones donde el favoritismo ha premiado y los intereses personales han sido interpuestos.
    Por último, también considero que estamos rodeados de una cultura de beneficio propio.

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  2. Estoy de acuerdo contigo en que la escuela y la educación debería ser pública en todos los casos y que, siendo así, esta debería cubrir todas las necesidades de los alumnos. Pero, por desgracia, vivimos en un mundo que no es ideal y que cuando se llega a la aplicación de las normas en la escuela, no siempre se llevan a término. Además, la escuela que no sea pública no debería tener privilegios sobre la que sí lo es. Me parece interesante lo que has contado sobre los favoritismos en los institutos y creo que no se debe permitir este comportamiento dentro de un centro en el que se supone que todos los alumnos son iguales y deben recibir aprendizaje de manera igualitaria.

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  3. Me parece interesante tu reflexión, me gustaría destacar algunas frases del último párrafo. "Estamos rodeados de la cultura del beneficio propio", tal vez así sea, nuestros intereses personales muchas veces se sobeponen a los de los demás. En el caso de la escuela pública, a parte de muchos otros intereses de otros sectores, son los intereses del profesorado los que hacen que la escuela deje de ser pública. Otra de las frases que me gustaría remarcar es: "deberíamos ser los primeros en dar ejemplo", excato, como futuros docentes, debemos ser ejemplo de esos valores que queremos transmitir, realizar nuestro trabajo de forma completa y no escaquearnos de nuestras funciones. Mi última reflexión sería, ¿seremos capaces nosotros de evitar las tentaciones que nos aparecen en nuestra tarea docente?, espero que sí.

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