sábado, 31 de octubre de 2015

¿Es pública la escuela pública?

Entendemos que algo es público cuando es de todos y para todos. La escuela pública debería ofrecer un servicio público proporcionando los recursos y herramientas necesarias para asegurar el máximo nivel educativo para todos, con independencia de clases, etnias, género, nacionalidad, recursos económicos…  La escuela pública está financiada con fondos públicos esos impuestos que todos pagamos, sus trabajadores son funcionarios del Estado pero, todo eso ¿es suficiente para considerarla pública a todos los efectos?

También nos encontramos ante un gran problema, la paulatina degradación de la profesión de maestro. Parece que ahora todas las miradas se dirigen hacia la labor docente y, no sólo es mirada con lupa, sino que muchos le achacan toda la responsabilidad del fracaso escolar. Hay docentes malos, sin vocación, sin motivaciones, sin ilusión… ¡por supuesto!, pero también los hay buenos y muy, muy buenos, implicados en su trabajo y en su labor diaria con sus alumnos. Pero más allá de criminalizar al docente, deberíamos hacer un acto mayor de reflexión y analizar todo aquello que se hace mal,  desde todos los estamentos. ¿Cuál es el origen de la desilusión y desgana de algunos docentes? Tal vez no están preparados para enfrentarse a una clase de alumnos obligados, por ley, a permanecer en las aulas hasta una edad determinada. Evidentemente que esa falta de recursos es responsabilidad del docente y debe solventarlo pero, por qué no se elaboran planes de estudio eficaces o, al menos, implantar un plan de estudios el tiempo necesario para ver sus resultados y así considerar su valía o no.

Desde aquellos que hacen las leyes hasta los que deben aplicarlas y cumplirlas deberían reflexionar sobre esta cuestión y solucionar los problemas de base. Leyes educativas en las que crean los docentes porque, ¿cómo puedes hacer algo sin creer en ello?

¿Es la escuela pública, pública?

Creer en la escuela pública es creer en algo más que en una mera titularidad estatal, en algo más que en una expresión tan común y manoseada como desconocida y poco entendida en su verdadero alcance. Si interrogáramos en los pasillos de la universidad a todos los futuros docentes sobre si conocen la expresión «escuela pública», las respuestas serían, seguramente, más que afirmativas. Pero si les pidiéramos que estrujasen la expresión para extraer aquello que entienden bajo ese concepto, las respuestas quizás no serían ni tan concluyentes ni tan alentadoras. Y ello tal vez se deba a la vulnerabilidad semántica de la expresión, convertida casi en una locución plagada de tópicos, medias verdades y omisiones malintencionadas. De esto, en buena medida, nos previene el artículo «¿Es pública la escuela pública?» de Mariano Fernández Enguita, trasladando la cuestión, y con ello las deficiencias de la escuela pública, no solo al archirrepetido debate en torno a la utilización más utilitaria que de valores de los centros de enseñanza que caen en el dominio del Estado, sino también desplazando el foco de atención a la responsabilidad de los profesores en la merma de la calidad educativa y del carácter público de la escuela. Y es que no podemos eludir el alto grado de participación del profesorado en la construcción, o deconstrucción, de eso que llamamos «escuela pública».

En un sistema educativo como el español, aquejado endémicamente de desatenciones, de asfixias burocráticas y de vertiginosos cambios legislativos de marcada tendencia partidista, nos hemos acostumbrado a convivir —no a aceptar— con la indiferencia que el Estado y la sociedad muestran respecto a lo que se hace en las entrañas de los centros públicos. Ahora bien, esa indiferencia resulta intolerable cuando la adoptan los docentes de la escuela pública, verdaderos garantes del calificativo que aquí discutimos para la escuela. Si ya los golpes que vienen del exterior son dañinos, lo son aún más los que proceden del seno de la institución. Y uno de los más devastadores, en mi opinión, es la apatía y el estatismo de los profesores, de aquellos que dan sentido a la enseñanza pública, de aquellos, en fin, que tienen entre sus manos, nada más y nada menos, que la tarea de impulsar y proteger la excelencia pública de ese servicio. La abulia, el conformismo o la falta de entusiasmo que afectan a un sinnúmero de profesores son los encargados de echar abajo, definitivamente, los mermados cimientos de la escuela pública. Las malas prácticas pedagógicas internas deterioran de forma decisiva el modelo ideal de la escuela pública como un espacio donde debieran converger la calidad docente, el pensamiento crítico y las actitudes democráticas. Las consecuencias de esa falta de un espíritu combativo que encuentre la motivación en las dificultades, en la esperanza de hacer cambiar las tendencias, confluyen en una desgaste manifiesto de la naturaleza pública de la escuela. Son los profesores quienes han de salvaguardar y reivindicar la escuela pública con su compromiso. Ellos son el último —y el más determinante— escalón del sistema de educación. A fin de cuentas, la escuela pública no es pública solo porque su sostenimiento dependa económica y legislativamente del Estado: los protagonistas, los defensores y los que conforman la identidad de la enseñanza pública somos nosotros, los profesores.

¿ES PÚBLICA LA ESCUELA PÚBLICA?

Lo que este artículo analiza y critica es que la escuela pública no funciona todo lo bien que cabría esperar. El autor, sin pelos en la lengua, arremete contra todos aquellos agentes que contribuyen a desprestigiar la escuela. Empezando por las cúpulas más altas: el gobierno de turno que intenta adoctrinar a los alumnos, pasando por los intereses de los gobiernos autónomos (independentismo, ideología distinta a la del gobierno central, etc.) llega a los últimos tentáculos del entramado educacional: los profesores. Son estos últimos, amparados por los sindicatos, los que más daño hacen al alumnado. Los acusa de velar por sus intereses y desechar los de los alumnos. Siempre transformando los horarios a su conveniencia, procurándose más vacaciones y días festivos, no tienen ninguna iniciativa a la hora de apoyar, con clases “extra” por ejemplo, a los alumnos que más lo necesitan. Cuenta Mariano Fernández Enguita que con la aprobación de la LODE, se pretendía que la escuela no fuese utilizada por el poder político y se optó por un modelo que reivindicaba la autonomía de los centros y la libertad de conciencia del profesorado. Pero el problema es que el profesorado, en su mayoría, se desentiende del Consejo Escolar. Procura limitarse a su aula y a sus intereses dando la espalda a todo lo demás. El autor asegura que muchas familias huyen despavoridas del caos y abandono público y corren a refugiarse en lo privado donde, al menos en algunos aspectos, prima el sentido común (burlado en lo público por los intereses personales de lo s funcionarios y que se resumen en dos: trabajar lo menos posible y cobrar lo máximo que se pueda).
Mariano Fernández Enguita finaliza su artículo denunciando la falta de vocación que existe hoy día entre los docentes: “Hoy, un alumno de magisterio es, con más frecuencia de la deseable, alguien cuya nota de selectividad no le permite estudiar otra carrera, y un profesor de enseñanza secundaria, alguien que preferiría estar ejerciendo su profesión fuera de la escuela pero que no ha encontrado la manera de hacerlo.”
El autor asegura que los sindicatos, que pregonan a los cuatro vientos la defensa y la calidad de la escuela pública, son los que, con su apoyo al corporativismo, contribuyen a hundir la escuela. El artículo acaba con una cita de la Biblia: separar la cizaña del trigo en una clara alusión, y que podría extenderse a todo el funcionariado español, de que no deberíamos permitir ejercer la profesión pública a aquellos que no cumplen con su cometido. Pero parece difícil corregir esto en un país donde muchos aspiran a trabajar en lo público atraídos por el casi nulo control laboral reinante. No hay inspectores que detecten, corrijan y despidan a quien lo merezca.

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Es pública la escuela pública?

 ¿Sirve la escuela estatal al interés público? Esta pregunta, entre otras, nos la plantea Mariano Fernández Enguita, con gran pesar, sobre la situación actual en la que se encuentra nuestra imprescindible y necesaria escuela. La escuela pública debe ser un pilar de la sociedad que satisfaga las necesidades individuales y colectivas para el desarrollo del individuo y la evolución y democratización de la sociedad.

 Como bien argumenta este sociólogo, sí es cierto que la escuela gubernamental es indiscutiblemente pública, en el sentido de que se financia con fondos públicos, ésta debe ser autorizada por los poderes públicos y el personal adscrito a realizar las tareas docentes en la misma debe ser público. No obstante, por la tradición histórica de la carencia de medios dedicados a la docencia pública la escuela estatal padece un desprestigio y un estigma que es la falta de calidad ante el grueso de la sociedad. La educación básica es clave para formar a los alumnos como personas -seres sociables que se desarrollan en sociedad, pero al mismo tiempo nunca dejan de actuar con carácter individual.- Es un asunto serio que, al parecer, no está siendo tratado con la sensatez y transcendencia que merece.

 Dependiendo de la calidad y la profundidad de la educación proporcionada a los los niños y niñas del presente así serán los ciudadanos que conformen la sociedad del futuro. Por todo ello, deben estar a la altura de las exigencias cualitativas y cuantitativas tanto el profesorado como los centros y el Estado. Son de una obligatoriedad imprescindible el consenso mutuo y la superación de los conflictos sectarios y/o partidistas. La educación debe ser labor de los educadores, personal experto y cualificado sin que en ella influyan directrices políticas, religiosas o mercantilistas.

 La tarea de enseñar es grata pero en ningún momento sencilla. La responsabilidad que acarrea el profesorado en la formación del alumnado no debe tomarse a la ligera. Si se actúa de manera competente por parte del personal docente y éste recibe el apoyo de la sociedad, se obtendrán resultados incuestionables que repercutirán en un mayor grado de justicia y bienestar social.

¿Es pública la escuela pública?



Responder a la siguiente cuestión no es asunto fácil debido a los cambios que ha tenido la educación en nuestro país a lo largo de los últimos años, lo cierto es que aunque existan diferencias entre los tipos de escuelas, hoy en día esas diferencias se están estrechando cada vez más. Es evidente que la escuela pública es pública puesto que recibe fondos públicos del estado, pero sería un error quedarse solo en ese detalle y no ir un paso más allá. Realizando una diferenciación en España podemos hablar de las escuelas públicas que reciben fondos del estado, por otro lado las escuelas concertadas que se gestionan de forma privada aunque recibiendo fondos públicos y en último lugar las escuelas privadas que son escasas en nuestro país.
Lo primero que debemos cuestionarnos es si las escuelas públicas están al servicio del interés público o al servicio de los gobiernos de turno, puesto que en función de a quién presten servicio su estructura podrá variar en gran medida. Otro problema que podemos encontrar es al referirnos a las escuelas concertadas debido a que a pesar de recibir fondos públicos, lo cierto es que siguen manteniendo hoy en día un alto componente ideológico y clasista que no ha logrado eliminarse con el paso de los años.
Si realizamos una comparativa entre los 3 tipos de escuelas que podemos encontrar en España lo cierto es que en los últimos años se ha ido marcando una tendencia enfocada hacia el aumento de las escuelas concertadas (en detrimento de la pública), mientras que las escuelas privadas siguen siendo escasas y a su vez las escuelas públicas siguen sufriendo los numerosos recortes derivadas de la crisis económica y que afectan a su desarrollo y mantenimiento.
Volviendo a la escuela pública hay que centrarse en la labor del profesorado ya que al ser funcionarios públicos su labor está directamente enfocada a trabajar en beneficio del interés público, es cierto que cómo se comenta en el artículo, hay profesores que se han acomodado en su puesto y no se han preocupado por mejorar, pero sería injusto generalizar puesto que la gran mayoría de profesores en nuestro país realizan una labor excelente. Otro debate está en ver si realmente los profesores que están ejerciendo en la actualidad lo son por pura vocación o por ser una opción más viable, ya que es un tema importante debido a que es una profesión que cumple una labor pública fundamental y es clave que los profesores estén motivados con su trabajo y sea vocacional.
En resumen, si he de responder si la escuela pública es pública en nuestro país, debo responder sí y no, ahora trataré de explicar esta ambigüedad ya que es necesaria para poder exponer mi opinión de una forma adecuada:
  • En primer lugar sí que creo que la escuela pública es pública ya que el hecho de recibir fondos públicos así lo acredita, además de que los funcionarios que trabajan en esas escuelas están al servicio del interés general.
  • El problema viene cuando se generan dudas acerca de los puntos negativos sobre si la escuela pública es realmente pública, hay ciertos detalles que pueden hacer pensar que no sea realmente así.
En este último año hemos asistido como espectadores para poder ver como España se convierte en el segundo país de Europa con mayor número de colegios concertados, lo que sin duda debilita la ya de por sí mermada escuela pública.
Por lo general las actuaciones de los últimos gobiernos recortando el presupuesto para la escuela pública me hacen dudar sobre si realmente es pública la escuela pública, ya que debilitar la educación no ayuda en nada a ello.
En conclusión, la escuela pública si es pública en nuestro país, aunque presenta numerosas deficiencias que pueden estar cambiando la respuesta de esa pregunta inicial. Hasta que no llegue el momento en el que veamos la educación pública como una inversión y no como un gasto, realmente no sabremos valorar los beneficios que pueden aportar a un país una educación pública y de calidad, mientras tanto seguiremos con el debate entre escuelas públicas y concertadas que lo único que han hecho ha sido desviar la atención sobre el verdadero problema de la educación en este país, por último he de comentar que mientras no haya un gran pacto para potenciar la escuela pública realmente no tendremos claro si la escuela pública es pública de verdad.



¿ Es pública la escuela pública?

El artículo "¿Es pública la escuela pública?", es una crítica hacia la escuela pública española en la actualidad. Suele distinguirse entre escuela "pública" y "estatal", la primera estaría al servicio del interés público y la segunda a los intereses del Estado o del gobierno. La ley y la financiación, pues, no bastan para definir la escuela pública. Podemos hablar de escuela pública, englobando a la estatal y a la privada concertada. Pero, el autor se pregunta si basta la ley y la titularidad estatal para garantizar que la llamada escuela pública sea realmente pública.

Según el autor, hay una subordinación de la escuela a otros intereses. Cree que los intereses públicos ( los del alumnado), quedan subordinados a los intereses privados y corporativos, de cada profesor en particular y del profesorado en general.

Realiza una crítica a la jornada continua e intensiva, que según él, defiende gran parte del profesorado, sin ser capaces de señalar ningún estudio que demuestre su efectividad. No hay posibilidad de utilizar horas adicionales, incluso en julio, para centrarse en los alumnos de menor rendimiento. Sin embargo, en la privada, si poseen estos recursos.

Como segundo punto, cuestiona la vocación de parte del profesorado y señala que la calidad de la docencia depende en gran medida de la voluntad del profesor. Faltan mecanismos de control internos y externos para disuadir al profesorado en los cuales "la autonomía profesional se traduce en tiempo libre retribuido", en vez de dedicarlo a una adecuada preparación de las clases etc.

Tercer punto; los profesores, a menudo, sólo de responsabilizan de su clase y su aula. En detrimento de la atención a los padres, de seminarios, las coordinaciones de ciclo...

Cuarto punto; el profesorado mantiene una actitud indiferente hacia la participación. En general, la presencia de "otros" en el "gobierno" del centro es vista con recelo y como una intromisión.

Quinto punto; ni la dirección ni el Consejo Escolar pueden hacer nada sin el Claustro, y este último intenta que los anteriores no puedan hacer nada.

Sexto punto; el principal enemigo de la escuela pública son esos profesores que creen que lo público es suyo y demuestran escaso o nulo entusiasmo por su trabajo. Además, según el autor, la incorporación de la mujer al trabajo y la doble responsabilidad a la que se ven sometidas ( trabajo en casa y trabajo en la escuela), ha contribuido a recortar obligaciones y disminuir la jornada, manteniendo sin embargo el salario. En la privada, obviamente, esto no sucede.

También nombra a los sindicatos como responsables de el despertar de los elementos más corporativos.

Señala que, aunque también hay buenos profesionales, con vocación, la escuela pública cuenta con "demasiados" no vocacionales.

En definitiva, el autor realiza una amplia crítica a la escuela pública, y la conclusión que podemos extraer es que la escuela pública no es en absoluto pública desde su punto de vista, pues está totalmente subordinada a los intereses, principalmente, del corporativismo del profesorado, en detrimento del alumnado.





¿Es pública la escuela pública?

En este texto el autor introduce las razones por las que él cree que la educación pública está financiada con fondos públicos pero no mira por los intereses de las personas implicadas en dicha educación. En mi opinión y desde mi experiencia estoy de acuerdo con el autor al decir los profesores y el centro solo miran por su interés y su beneficio. Esto no quiere decir que ocurra en todos los centros pero, desafortunadamente, en la mayoría de casos, sí ocurre. Desde mi experiencia como alumna puede ver que los profesores no cumplían con sus obligaciones ya no dentro del aula, sino fuera. Si hacíamos un examen o un trabajo teníamos que esperar meses para obtener nuestra nota y, en muchas casos, ni siquiera eso. Al final de la evaluación el profesor solo miraba por encima lo que habíamos entregado y hecho en los exámenes y nos ponía una nota, como se suele decir, a ojo. Por otro lado, hice mis "prácticas externas" en un instituto donde puede ver que, mientras algunos profesores hacían su trabajo, muchos otros no hacían más que quejarse de sus clases, del papeleo o reuniones entre otras cosas. Las reuniones entre ellos, a las cuales no me dejaron asistir personalmente, duraban poco menos de media hora; era algo rutinario y administrativo sin ningún objetivo de mejorar o cambiar la situación. Por tanto, creo que el autor de este texto, aunque generalice en muchos casos, es la realidad que se vive en casi todos los centros. Por otro lado, creo que ataca demasiado al profesorado, su desmotivación y la desgana de trabajar y no critica casi nada al gobierno cuando son los principales culpables de esta situación.  En mi opinión se deberían de tomar medidas para controlar cómo funcionan las aulas desde dentro y como se llevan a cabo nuevas ideas en la enseñanza y si realmente funcionan. También deberían controlar sin los profesores cumplen con sus horas de trabajo y ponerles unos límites externos en vez de las ventajas de hacer lo que quieren sin que nadie les controle. El Gobierno ha dado rienda suelta a un sector, que si bien no estoy en contra de que se deje en manos de los que supuestamente conocen el trabajo de la enseñanza, no significa que se les olvide por completo. 

¿Es pública la escuela pública?

Sin investigar datos, considero que la escuela pública no es pública o no tan pública como debería al ser comparada con un colegio privado o concertado. ¿Cuántos inversores tendrán una escuela privada? Puede que muchos o pocos, puede que con mucho capital o menos, pero dudaría que fueran más que en la pública. Y partiendo de aquí, si la escuela pública tiene más “inversores” (contribuyentes etc) tendría que disponer de lo mejor: las mejores instalaciones, los mejores materiales y las condiciones pertinentes para que la escuela pública fuera la élite de la enseñanza. ¿Por qué esto no es así? ¿Mala gestión de los recursos? ¿O recursos insuficientes? 
¿Es pública la escuela pública?

La cuestión parece ser provocativa ; siendo pública , que es de interés público, que es apoyado financieramente
 por el gobierno y qundi nuestros ciudadanos .I impuestos pagan impuestos y reciben servicios estatales.

Sin embargo, en todo lo que es , siempre hay un interés público-privada .
En particular, la expresión política de la voluntad popular , sino también sujetos a grandes intereses industriales ,
 escuela de plasma para adaptarse a usted.

De hecho , la escuela es el tema de los intereses privados que terminan en los intereses del personal docente y
 directivo.
La verdadera calidad del servicio ofrecido por las escuelas públicas depende en gran medida de la calidad
 de la infraestructura .
Hasta cierto punto, depende de la capacidad del maestro para integrar sus conocimientos
 y habilidades con la infraestructura de la escuela .

Lamentablemente esto no sucede a menudo .

La facultad debe ser capaz de enseñar a dar un servicio público a los futuros ciudadanos . 
Es decir, encontrar todas las maneras posibles de llevar a un buen nivel a todos los alumnos .

Por desgracia , esto sucede muy raramente. 
Muchos profesores no llevan a cabo su misión de manera adecuada , 
a veces por deméritos personales , a veces por problemas estructurales .

Esto se debe a la figura del maestro no está suficientemente valorado. 
Es , por el contrario , es cada vez más sujeto a ser disminuido.
 
Los países desarrollados están invirtiendo fuertemente en la educación porque la rentabilidad 
económica de esta inversión es muy alta. Los países que invierten poco en educación 
no dan un servicio adecuado a sus ciudadanos.
En este sentido , las escuelas públicas no pueden considerarse verdaderamente pública.

Educación ¿pública?


            Cuando oímos hablar de la escuela pública, todos o al menos la gran mayoría pensamos en todos aquellos colegios e institutos dependientes económicamente del Estado; mientras que solemos clasificar los centros escolares concertados en el ámbito de los centros privados, desconociendo así las subvenciones que el Gobierno da a estos centros. Además, tendemos a afirmar que ninguna escuela es pública, debido a los altos costes del material escolar y de las matrículas, en el caso de las Universidades, que en lo que a este tema se refiere pueden ser mencionadas. Por lo tanto, en lo que al tema económico se refiere, a mi parecer no existe del todo la educación pública como podemos entenderla, es decir, alcanzable y accesible para todas las clases sociales.
            En cuanto a lo que hemos podido leer en el artículo de Mariano Fernández Enguita, “¿Es pública la escuela pública?”, cabe decir que, en mi opinión, cada vez lo es menos. Desde hace varios años he entendido la docencia como una profesión vocacional, en la que el trabajo diario no debería resultar costoso, puesto que realmente están o estamos ejerciendo la profesión que nos llena de plenitud, que nos apasiona, o así debería ser por norma general.
            En la actualidad, y por diversos motivos, algunos docentes han pasado de sentir verdadero orgullo de su profesión a contar los años para la jubilación. El desdén del alumnado ha provocado que los profesores no deseen luchar por el aprendizaje de los primeros, sino que acudan a sus puestos de trabajo con el único objetivo de ver pasar las horas, comenzar los cursos académicos más tarde y terminarlos antes, y dedicar el menor tiempo posible a la preparación de las clases y a la atención de sus alumnos. Pero no por ello debemos generalizar, me consta que todavía quedan muchos docentes que sienten orgullo de su trabajo, que dedican más horas de las remuneradas a preparar las clases y que piensan en cada momento en la forma de hacer que los alumnos muestren interés por la materia que se le está impartiendo.

            Por ello, debo decir, que la escuela pública la hacemos digna todos y cada uno de los que nos dedicamos o nos vamos a dedicar a la docencia, así como el propio alumnado. 

¿Es pública la escuela pública?

Más de quince años han transcurrido desde que se escribió este artículo y seguimos igual. Continuamos con la controversia de si la escuela pública es realmente pública o no. 
Como comenta el autor de este artículo, la escuela si que es pública porque es financiada por fondos públicos y sus trabajadores son funcionarios públicos, pero la estructura del sistema de enseñanza en los centros públicos es lo que crea más problemas. Estamos frente a una estructura de escuela estatal ya que está al servicio del Estado o del gobierno. Pero esto no es suficiente para llamar escuela pública inequivocamente pública. Los intereses que se proponen en los programas de enseñanza no son objetivos públicos (no estan determinados por lo alumnos, familias y la sociedad en global) sino que está dictaminado por los intereses del profesor o del conjunto de profesores y que no siempre cumple con las necesidades del alumnado.
Continuan la jornada continua en los centros, supuestamente por interés de los alumnos, pero realmente pienso que no solo es por su interés, sino que también lo es por interés del profesorado; exceso de horas al día y exceso de vacaciones, que personalmente pienso que está mal repartido, creo que para cubrir las necesidades del alumno y conseguir un mejor rendimiento en ellos seria repartir mejor  las horas (quitando horas al día) y recortando el periodo vacacional, es decir, reducir el número de horas al día pero prolongar el periodo escolar, pero como esto no interesa a la mayoria de los funcionarios públicos de los centros, pues es mejor no cambiarlo.
No se como hemos podido llegar a este punto, parte del profesorado no siente motivación por su trabajo, durante las clases amargan a los alumnos y, creo que es porque ellos tambien lo están; no sienten vocación ni hacen su trabajo con profesionalidad y esto produce que el proceso de enseñanza-aprendizaje no sea el adecuado. 
En definitiva, hay que cambiar el chip, sentir todos los profesionales pasión por su trabajo, motivación a la hora de enseñar y transmitir esas ganas y esa pasión a los alumnos. 

Escuela ¿pública?

¿Es pública la escuela pública?

Sin entrar a valorar la escuela concertada, que desde mi punto de vista no es más que una forma de financiar una formación y unos intereses privados a costa del dinero público, y centrando el tema en la escuela estatal, la cuestión de que si la escuela pública es tal debería tomarse desde dos puntos de vista distintos y, al mismo tiempo, complementarios.

Evidentemente, como escuela que depende del estado, sustentada con dinero público y con un personal que forma parte del funcionariado estatal, la escuela pública responde claramente a su definición. Otra cosa será el discutir si esos fondos, esa financiación es la necesaria y suficiente, si responde a las necesidades reales de la escuela pública y si se distribuye de la forma adecuada entre los centros y entre sus alumnos.

En cualquier caso habría que plantearse también si esa financiación estatal (su cuantía, distribución y control) responde al interés público, es decir, a las necesidades del alumno y su familia entendidos como ‘clientes’ a los que se debe dar un servicio adecuado.

Por otro lado, desde el punto de vista de su función, cabría plantearse si en realidad la escuela pública la realiza correctamente, es decir, si busca como primer y último fin ese interés público o lo que es lo mismo, si se preocupa única y exclusivamente por atender a las necesidades de los que anteriormente he venido a llamar ‘clientes’.

La respuesta en este caso debería ser, bajo mi punto de vista, que no lo hace.

Partiendo de la base de que las arcas del estado se nutren de los impuestos que paga la población y de que eso sirve para financiar, entre otras cosas, la educación, cabe la opción de utilizar el término ‘clientes’ en tanto que pagan de antemano al estado por un servicio. Y como en cualquier empresa, el cliente tiene el derecho de que ese servicio le sea dado correctamente.

Como ya he comentado, en cierta medida es discutible que desde el punto de vista económico eso se cumpla. Aun así, es evidente que sí cumple su función pública. ¿En la forma y medida adecuadas?. Eso es lo discutible.

Sin embargo, si tenemos en cuenta su vocación de interés público, es decir, de cubrir las necesidades de las familias y los alumnos que asisten a la escuela pública, hay muchos factores que intervienen y que impiden que esa función de interés público se cumpla. Desde un estado que cambia las leyes según el bando político, según las influencias externas que reciba y según unos criterios que en ocasiones no son aplicables, pasando por las editoriales que (como no podía ser de otra forma, pues al fin y al cabo son empresas) sólo buscan su beneficio, hasta llegar a unos profesores que (aunque es peligroso generalizar en este aspecto) se escudan muchas veces en su condición de funcionarios del estado para no implicarse en su trabajo más de lo necesario.

Esta última afirmación es la más discutible, en tanto que decir que los profesores no se implican en su trabajo supone una generalización nada cercana a la realidad. Desde la primaria hasta  la universidad, todos nos hemos encontrado con magníficos profesores que nos han enseñado y guiado con auténtica pasión en sus asignaturas. Sin embargo, no es menos cierto que también nos hemos encontrado con todo lo contrario, profesores ineptos, que hacían lo justo y necesario para pasar el curso.

Entonces... ¿quién y cómo se controla entonces la educación?, ¿cómo permitimos entonces que el estado regule unas leyes que en ocasiones no son fácilmente aplicables?, ¿cómo permitimos que las leyes cambien sin que se haya podido demostrar si la anterior era o no válida?, ¿quién delimita el ‘poder’ editorial?, ¿quién y de qué manera se controla la adecuada (o no) acción de esos funcionarios que son los profesores?.

¿Es entonces pública la escuela pública?. Habida cuenta de todos los elementos que influyen negativamente en ella cabría decir que no lo es. Al menos no en toda la extensión de la palabra.

¿Es pública la escuela pública?

¿Es pública la escuela pública?
Existe una dicotomía a la hora de responder a la pregunta de si la escuela es pública; por una parte, es pública en cuanto que teóricamente está al servicio del interés público y como escuela estatal es financiada económicamente por la administración pública, así como los trabajadores y organismos que la componen son públicos. Pero no siempre se llega a un acuerdo a la hora de ver cumplidos los intereses que forman a toda una sociedad, puesto que dichos objetivos comunes pueden verse mermados o excluidos según el profesorado y la organización del centro. Por tanto, lo que debiera ser común a todos está supeditado a los intereses privados del profesor (dentro del aula) y del organismo que conforma el profesorado (dentro de la escuela)
En la práctica lo que ocurre en el sistema educativo es que los horarios escolares cada vez son más reducidos, afloran con mayor ímpetu los periodos vacacionales y no se sabe con certeza por qué se implanta la jornada continua si no está demostrado que sea eficaz.
La calidad de la docencia en gran parte depende de la voluntad del profesor y para que exista dicha calidad la persona en concreto debe de poseer un fuerte sentido de responsabilidad profesional. Para ello, el profesor/a debe tener muy presente el grupo en el cual está trabajando, los intereses de sus alumnos así como el rendimiento de cada uno de ellos para poder establecer las diferentes herramientas acordes a la programación establecida adaptada a dicho grupo en concreto. Dicha calidad de aprendizaje también puede resultar afectada por la reducción salarial, ya que puede desincentivar a los mejores estudiantes y como consecuencia escogerán otras profesiones, y por otro lado, desmotivar a los profesores que optan por el mínimo esfuerzo.
La responsabilidad del profesorado también se debe centrar en la atención a los padres, a las reuniones de claustro, comisiones pedagógicas etc. para complementar y coordinar de una manera eficaz aquello que se está llevando a cabo en el aula con las ayudas o refuerzos externos que van a favorecer al alumnado. Del mismo modo, deberían de existir mecanismos de control interno y externos adecuados para que realmente se desarrollara lo mencionado anteriormente.

Por desgracia, la realidad es otra, en ocasiones vemos como el profesor/a es indiferente hacia los alumnos que conforman su clase, no existe ninguna dedicación, se limitan a seguir un libro de texto o a mandar muchas actividades donde las horas de clase se ciñen a corregir los ejercicios propuesto sin que quede mayor tiempo para otras actividades. Por tanto, la actividad que se desarrolla en las aulas no responde a la de dar un servicio público para el público, es decir, para todos los beneficiarios: alumnos, familias y sociedad. Los sistemas educativos que poseen los mejores resultados son aquellos que tienen un reconocimiento positivo hacia sus docentes, tanto a nivel social como en el económico, por ello, invertir en educación es mejorar las perspectivas de las futuras generaciones.

jueves, 29 de octubre de 2015

Va a ser que no


¿Es pública, la escuela pública?

Tras leer este artículo de Mariano Fernández Anguita, creo que es inevitable darle la razón en muchos aspectos, por no decir prácticamente todos.
A la pregunta que nos lanza, y respondiendo con sus mismas definiciones, nuestra escuela estatal no es pública. Podemos afirmar esto tras constatar que nuestra escuela esta subordinada a los intereses del gobierno, en primer lugar. El cual la usa frecuentemente como arma política, sin interesarse lo más mínimo por su mejora y dando importancia a detalles tan nimios, como puede ser, el incluir, o no, de forma evaluable una asignatura como religión en el currículo. Pero claro está, con esta cuestión se consigue formar revuelo y que los seguidores de de dicha ideología política puedan estar a bien con sus creencias religiosas sean las que fueren.
¿De verdad alguien puede creer que este es el problema en nuestro sistema educativo? Estamos hablando de que nos encontramos con que un tercio del alumnado sufre fracaso escolar en secundaría, que las aulas se están abarrotando con alumnos que no quieren estudiar y que estamos obligando a permanecer ahí hasta los 16 años, sin dar más opciones que las ya establecidas, las cuales, esta más que demostrado que no satisfacen a todos los estudiantes, y aquí se esta cometiendo uno de los grandes errores, a mi parecer, al pretender que todos los alumnos estudien, o se interesen, por lo mismo, este sistema se está quedando atrás en lo que respecta a la realidad social, y eso lo puede observar cualquiera que no sea experto en la materia.
En segundo lugar nos encontramos con un cuerpo docente abocado al fracaso, puesto que en su mayoría, o por lo menos en su parte más visible, nos encontramos con personas sin vocación que responden a la ley del mínimo esfuerzo, convirtiéndose e un grupo blindado por las leyes que está convirtiendo la escuela en su reino. Confundiendo la reducción del horario lectivo con la reducción del horario laboral para su interés personal, y mostrándose reticente ante cualquier tipo de cambio en lo que respecta a sus derechos y obligaciones, lo cual es relativo teniendo en cuenta que estas últimas no tienen ningún organismo efectivo que se encargue de su cumplimiento.
Dicho todo esto, podemos afirmar que es una escuela es estatal (sin hacer mención a las concertadas o privadas) en lo que respecta a que se administra desde el estado y se paga con nuestros impuestos, pero que no cumple con la función de servir al interés público en favor de los intereses de otros, y en resumen nos encontramos con una que escuela que no es lo que demandan ni alumnos,ni familias.