¿Es pública la escuela pública?
Sin entrar a valorar la escuela
concertada, que desde mi punto de vista no es más que una forma de financiar
una formación y unos intereses privados a costa del dinero público, y centrando
el tema en la escuela estatal, la cuestión de que si la escuela pública es tal
debería tomarse desde dos puntos de vista distintos y, al mismo tiempo,
complementarios.
Evidentemente, como escuela que
depende del estado, sustentada con dinero público y con un personal que forma
parte del funcionariado estatal, la escuela pública responde claramente a su
definición. Otra cosa será el discutir si esos fondos, esa financiación es la
necesaria y suficiente, si responde a las necesidades reales de la escuela
pública y si se distribuye de la forma adecuada entre los centros y entre sus
alumnos.
En cualquier caso habría que
plantearse también si esa financiación estatal (su cuantía, distribución y
control) responde al interés público, es decir, a las necesidades del alumno y
su familia entendidos como ‘clientes’
a los que se debe dar un servicio adecuado.
Por otro lado, desde el punto de
vista de su función, cabría plantearse si en realidad la escuela pública la
realiza correctamente, es decir, si busca como primer y último fin ese interés
público o lo que es lo mismo, si se preocupa única y exclusivamente por atender
a las necesidades de los que anteriormente he venido a llamar ‘clientes’.
La respuesta en este caso debería
ser, bajo mi punto de vista, que no lo hace.
Partiendo de la base de que las
arcas del estado se nutren de los impuestos que paga la población y de que eso
sirve para financiar, entre otras cosas, la educación, cabe la opción de
utilizar el término ‘clientes’ en
tanto que pagan de antemano al estado por un servicio. Y como en cualquier
empresa, el cliente tiene el derecho de que ese servicio le sea dado
correctamente.
Como ya he comentado, en cierta
medida es discutible que desde el punto de vista económico eso se cumpla. Aun
así, es evidente que sí cumple su función pública. ¿En la forma y medida
adecuadas?. Eso es lo discutible.
Sin embargo, si tenemos en cuenta
su vocación de interés público, es decir, de cubrir las necesidades de las
familias y los alumnos que asisten a la escuela pública, hay muchos factores
que intervienen y que impiden que esa función de interés público se cumpla.
Desde un estado que cambia las leyes según el bando político, según las
influencias externas que reciba y según unos criterios que en ocasiones no son
aplicables, pasando por las editoriales que (como no podía ser de otra forma,
pues al fin y al cabo son empresas) sólo buscan su beneficio, hasta llegar a
unos profesores que (aunque es peligroso generalizar en este aspecto) se
escudan muchas veces en su condición de funcionarios del estado para no implicarse
en su trabajo más de lo necesario.
Esta última afirmación es la más
discutible, en tanto que decir que los profesores no se implican en su trabajo
supone una generalización nada cercana a la realidad. Desde la primaria
hasta la universidad, todos nos hemos
encontrado con magníficos profesores que nos han enseñado y guiado con
auténtica pasión en sus asignaturas. Sin embargo, no es menos cierto que
también nos hemos encontrado con todo lo contrario, profesores ineptos, que
hacían lo justo y necesario para pasar el curso.
Entonces... ¿quién y cómo se controla
entonces la educación?, ¿cómo permitimos entonces que el estado regule unas
leyes que en ocasiones no son fácilmente aplicables?, ¿cómo permitimos que las
leyes cambien sin que se haya podido demostrar si la anterior era o no válida?,
¿quién delimita el ‘poder’
editorial?, ¿quién y de qué manera se controla la adecuada (o no) acción de
esos funcionarios que son los profesores?.
¿Es entonces pública la escuela
pública?. Habida cuenta de todos los elementos que influyen negativamente en ella cabría decir que no lo es. Al menos no en toda la extensión de la palabra.
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