¿Es pública, la escuela pública?
Tras leer este artículo de Mariano
Fernández Anguita, creo que es inevitable darle la razón en muchos
aspectos, por no decir prácticamente todos.
A la pregunta que nos lanza, y
respondiendo con sus mismas definiciones, nuestra escuela estatal no
es pública. Podemos afirmar esto tras constatar que nuestra escuela
esta subordinada a los intereses del gobierno, en primer lugar. El
cual la usa frecuentemente como arma política, sin interesarse lo
más mínimo por su mejora y dando importancia a detalles tan nimios,
como puede ser, el incluir, o no, de forma evaluable una asignatura
como religión en el currículo. Pero claro está, con esta cuestión
se consigue formar revuelo y que los seguidores de de dicha ideología
política puedan estar a bien con sus creencias religiosas sean las
que fueren.
¿De verdad alguien puede creer que
este es el problema en nuestro sistema educativo? Estamos hablando de
que nos encontramos con que un tercio del alumnado sufre fracaso
escolar en secundaría, que las aulas se están abarrotando con
alumnos que no quieren estudiar y que estamos obligando a permanecer
ahí hasta los 16 años, sin dar más opciones que las ya
establecidas, las cuales, esta más que demostrado que no satisfacen
a todos los estudiantes, y aquí se esta cometiendo uno de los
grandes errores, a mi parecer, al pretender que todos los alumnos
estudien, o se interesen, por lo mismo, este sistema se está
quedando atrás en lo que respecta a la realidad social, y eso lo
puede observar cualquiera que no sea experto en la materia.
En segundo lugar nos encontramos con
un cuerpo docente abocado al fracaso, puesto que en su mayoría, o
por lo menos en su parte más visible, nos encontramos con personas
sin vocación que responden a la ley del mínimo esfuerzo,
convirtiéndose e un grupo blindado por las leyes que está
convirtiendo la escuela en su reino. Confundiendo la reducción del
horario lectivo con la reducción del horario laboral para su interés
personal, y mostrándose reticente ante cualquier tipo de cambio en
lo que respecta a sus derechos y obligaciones, lo cual es relativo
teniendo en cuenta que estas últimas no tienen ningún organismo
efectivo que se encargue de su cumplimiento.
Dicho todo esto, podemos afirmar que
es una escuela es estatal (sin hacer mención a las concertadas o
privadas) en lo que respecta a que se administra desde el estado y se
paga con nuestros impuestos, pero que no cumple con la función de
servir al interés público en favor de los intereses de otros, y en
resumen nos encontramos con una que escuela que no es lo que demandan
ni alumnos,ni familias.
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