¿Sirve la escuela estatal al interés público? Esta pregunta, entre otras, nos la plantea Mariano
Fernández Enguita, con gran pesar, sobre la situación actual en la que se encuentra nuestra
imprescindible y necesaria escuela. La escuela pública debe ser un pilar de la sociedad que
satisfaga las necesidades individuales y colectivas para el desarrollo del individuo y la
evolución y democratización de la sociedad.
Como bien argumenta este sociólogo, sí es cierto que la escuela gubernamental es
indiscutiblemente pública, en el sentido de que se financia con fondos públicos, ésta debe ser
autorizada por los poderes públicos y el personal adscrito a realizar las tareas docentes en la
misma debe ser público. No obstante, por la tradición histórica de la carencia de medios
dedicados a la docencia pública la escuela estatal padece un desprestigio y un estigma que es la
falta de calidad ante el grueso de la sociedad. La educación básica es clave para formar a los
alumnos como personas -seres sociables que se desarrollan en sociedad, pero al mismo tiempo
nunca dejan de actuar con carácter individual.- Es un asunto serio que, al parecer, no está siendo
tratado con la sensatez y transcendencia que merece.
Dependiendo de la calidad y la profundidad de la educación proporcionada a los los niños y
niñas del presente así serán los ciudadanos que conformen la sociedad del futuro. Por todo ello,
deben estar a la altura de las exigencias cualitativas y cuantitativas tanto el profesorado como
los centros y el Estado. Son de una obligatoriedad imprescindible el consenso mutuo y la
superación de los conflictos sectarios y/o partidistas. La educación debe ser
labor de los educadores, personal experto y cualificado sin que en ella influyan directrices
políticas, religiosas o mercantilistas.
La tarea de enseñar es grata pero en ningún momento sencilla. La responsabilidad que acarrea
el profesorado en la formación del alumnado no debe tomarse a la ligera. Si se actúa de manera
competente por parte del personal docente y éste recibe el apoyo de la sociedad, se obtendrán
resultados incuestionables que repercutirán en un mayor grado de justicia y bienestar social.
El comentario resume el artículo de Mariano Fernández Enguita. Aunque su autora se ha centrado en unos puntos más que en otros, quizá por ser los que más le han llamado la atención. En mi opinión no se ha centrado en el punto principal, que a mí me ha parecido el principal: una crítica voraz al profesorado, tachado de vago y oportunista con el apoyo sindical (vease ejemplos de horarios, vacaciones, días festivos, etc.) No obstante, este texto sí menciona, de forma constructiva,algunas cuestiones como que los profesores "deben estar a la altura de las exigencias cualitativas y cuantitativas tanto el profesorado" o" la responsabilidad que acarrea el profesorado en la formación del alumnado no debe tomarse a la ligera". Pero en mi opinión, el escrito carece de autocrítica, que es lo después de haber leído el artículo yo esperaba encontrar. Desde mi punto de vista, como profesores debemos evitar el corporativismo y pensar y actuar para mejorar el nivel de la educación. Y más teniendo en cuenta el informe PISA.
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