¿Es pública la escuela
pública?
Existe una dicotomía a la hora de
responder a la pregunta de si la escuela es pública; por una parte, es pública
en cuanto que teóricamente está al servicio del interés público y como escuela
estatal es financiada económicamente por la administración pública, así como
los trabajadores y organismos que la componen son públicos. Pero no siempre se
llega a un acuerdo a la hora de ver cumplidos los intereses que forman a toda
una sociedad, puesto que dichos objetivos comunes pueden verse mermados o
excluidos según el profesorado y la organización del centro. Por tanto, lo que
debiera ser común a todos está supeditado a los intereses privados del profesor
(dentro del aula) y del organismo que conforma el profesorado (dentro de la escuela)
En la práctica lo que ocurre en
el sistema educativo es que los horarios escolares cada vez son más reducidos,
afloran con mayor ímpetu los periodos vacacionales y no se sabe con certeza por
qué se implanta la jornada continua si no está demostrado que sea eficaz.
La calidad de la docencia en gran
parte depende de la voluntad del profesor y para que exista dicha calidad la
persona en concreto debe de poseer un fuerte sentido de responsabilidad profesional.
Para ello, el profesor/a debe tener muy presente el grupo en el cual está
trabajando, los intereses de sus alumnos así como el rendimiento de cada uno de
ellos para poder establecer las diferentes herramientas acordes a la
programación establecida adaptada a dicho grupo en concreto. Dicha calidad de
aprendizaje también puede resultar afectada por la reducción salarial, ya que
puede desincentivar a los mejores estudiantes y como consecuencia escogerán
otras profesiones, y por otro lado, desmotivar a los profesores que optan por
el mínimo esfuerzo.
La responsabilidad del
profesorado también se debe centrar en la atención a los padres, a las
reuniones de claustro, comisiones pedagógicas etc. para complementar y
coordinar de una manera eficaz aquello que se está llevando a cabo en el aula
con las ayudas o refuerzos externos que van a favorecer al alumnado. Del mismo
modo, deberían de existir mecanismos de control interno y externos adecuados
para que realmente se desarrollara lo mencionado anteriormente.
Por desgracia, la realidad es
otra, en ocasiones vemos como el profesor/a es indiferente hacia los alumnos
que conforman su clase, no existe ninguna dedicación, se limitan a seguir un
libro de texto o a mandar muchas actividades donde las horas de clase se ciñen
a corregir los ejercicios propuesto sin que quede mayor tiempo para otras
actividades. Por tanto, la actividad que se desarrolla en las aulas no responde
a la de dar un servicio público para el público, es decir, para todos los
beneficiarios: alumnos, familias y sociedad. Los sistemas educativos que poseen
los mejores resultados son aquellos que tienen un reconocimiento positivo hacia
sus docentes, tanto a nivel social como en el económico, por ello, invertir en
educación es mejorar las perspectivas de las futuras generaciones.
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