¿ES PÚBLICA LA ESCUELA PÚBLICA?
Lo que este artículo analiza y critica es que la
escuela pública no funciona todo lo bien que cabría esperar. El autor, sin
pelos en la lengua, arremete contra todos aquellos agentes que contribuyen a
desprestigiar la escuela. Empezando por las cúpulas más altas: el gobierno de
turno que intenta adoctrinar a los alumnos, pasando por los intereses de los
gobiernos autónomos (independentismo, ideología distinta a la del gobierno
central, etc.) llega a los últimos tentáculos del entramado educacional: los
profesores. Son estos últimos, amparados por los sindicatos, los que más daño
hacen al alumnado. Los acusa de velar por sus intereses y desechar los de los
alumnos. Siempre transformando los horarios a su conveniencia, procurándose más
vacaciones y días festivos, no tienen ninguna iniciativa a la hora de apoyar,
con clases “extra” por ejemplo, a los alumnos que más lo necesitan. Cuenta
Mariano Fernández Enguita que con la aprobación de la LODE, se pretendía que la
escuela no fuese utilizada por el poder político y se optó por un modelo que
reivindicaba la autonomía de los centros y la libertad de conciencia del
profesorado. Pero el problema es que el profesorado, en su mayoría, se
desentiende del Consejo Escolar. Procura limitarse a su aula y a sus intereses
dando la espalda a todo lo demás. El autor asegura que muchas familias huyen
despavoridas del caos y abandono público y corren a refugiarse en lo privado
donde, al menos en algunos aspectos, prima el sentido común (burlado en lo
público por los intereses personales de lo s funcionarios y que se resumen en
dos: trabajar lo menos posible y cobrar lo máximo que se pueda).
Mariano Fernández Enguita finaliza su artículo
denunciando la falta de vocación que existe hoy día entre los docentes: “Hoy,
un alumno de magisterio es, con más frecuencia de la deseable, alguien cuya
nota de selectividad no le permite estudiar otra carrera, y un profesor de
enseñanza secundaria, alguien que preferiría estar ejerciendo su profesión
fuera de la escuela pero que no ha encontrado la manera de hacerlo.”
El autor asegura que los sindicatos, que pregonan a
los cuatro vientos la defensa y la calidad de la escuela pública, son los que,
con su apoyo al corporativismo, contribuyen a hundir la escuela. El artículo
acaba con una cita de la Biblia: separar
la cizaña del trigo en una clara alusión, y que podría extenderse a todo el
funcionariado español, de que no deberíamos permitir ejercer la profesión
pública a aquellos que no cumplen con su cometido. Pero parece difícil corregir
esto en un país donde muchos aspiran a trabajar en lo público atraídos por el
casi nulo control laboral reinante. No hay inspectores que detecten, corrijan y
despidan a quien lo merezca.
Creo que su artículo es muy interesante.
ResponderEliminarSin embargo , me parece que no está muy separado de lo que dijo el autor.
A mi modo de ver, la opinión del autor es un punto de vista , pero no puedo averiguar cual es su .
Sin resentimientos ,
Andrea