Cuando
oímos hablar de la escuela pública, todos o al menos la gran mayoría pensamos
en todos aquellos colegios e institutos dependientes económicamente del Estado;
mientras que solemos clasificar los centros escolares concertados en el ámbito
de los centros privados, desconociendo así las subvenciones que el Gobierno da
a estos centros. Además, tendemos a afirmar que ninguna escuela es pública,
debido a los altos costes del material escolar y de las matrículas, en el caso
de las Universidades, que en lo que a este tema se refiere pueden ser
mencionadas. Por lo tanto, en lo que al tema económico se refiere, a mi parecer
no existe del todo la educación pública como podemos entenderla, es decir,
alcanzable y accesible para todas las clases sociales.
En
cuanto a lo que hemos podido leer en el artículo de Mariano Fernández Enguita,
“¿Es pública la escuela pública?”, cabe decir que, en mi opinión, cada vez lo
es menos. Desde hace varios años he entendido la docencia como una profesión
vocacional, en la que el trabajo diario no debería resultar costoso, puesto que
realmente están o estamos ejerciendo la profesión que nos llena de plenitud,
que nos apasiona, o así debería ser por norma general.
En la
actualidad, y por diversos motivos, algunos docentes han pasado de sentir
verdadero orgullo de su profesión a contar los años para la jubilación. El
desdén del alumnado ha provocado que los profesores no deseen luchar por el
aprendizaje de los primeros, sino que acudan a sus puestos de trabajo con el
único objetivo de ver pasar las horas, comenzar los cursos académicos más tarde
y terminarlos antes, y dedicar el menor tiempo posible a la preparación de las
clases y a la atención de sus alumnos. Pero no por ello debemos generalizar, me
consta que todavía quedan muchos docentes que sienten orgullo de su trabajo,
que dedican más horas de las remuneradas a preparar las clases y que piensan en
cada momento en la forma de hacer que los alumnos muestren interés por la
materia que se le está impartiendo.
Por
ello, debo decir, que la escuela pública la hacemos digna todos y cada uno de
los que nos dedicamos o nos vamos a dedicar a la docencia, así como el propio
alumnado.
Debo comentar que al leer esta entrada me he sentido muy identificado con las ideas que se llegan a plantear.
ResponderEliminarEn primer lugar, por desgracia en la actualidad es difícil hablar de una escuela pública como tal, debido a que los recortes en educación han contribuído a dañar algo que es básico para cualquier país. No debemos centrarnos solo en las universidades, ya que en los colegios y los institutos también se pueden ver casos de familias que son incapaces de costear el material escolar para sus hijos/as.
Al entrar un poco en el contenido del artículo, lo cierto es que la docencia cada vez está quedando más desprestigiada y lo peor de todo es que es una situación que parece no tener fin.
El nivel de entrega y dedicación de un profesor por desgracia cada vez está siendo más cuestionado. Bien es cierto que algunos profesores han perdido esa motivación y ganas de mejorar a diario (lo que repercute negativamente en el nivel de aprendizaje del alumnado), pero como se comenta en esta entrada no debemos caer en el error de generalizar esa situación, puesto que hay muchos docentes que sienten pasión por lo que realizan y se preocupan por mejorar la calidad de sus clases con el objetivo de llegar mejor al alumnado.
En conclusión. la situación actual hace que nos cuestionemos en mayor medida si realmente la escuela pública es pública, pero realmente somos los docentes los que tenemos que plantear una solución que permita hacer entender a la sociedad y a las autoridades que dicha labor es realmente fundamental.